César Delgado González

Amor de Geometrías

Esmalte sobre plancha de alpaca grabada al ácido. 52x41 cms.

 Muy despacio se sienta mientras admira los efectos trigonométricos que produce una hoja de papel echada sobre el pupitre, en compromiso directo de cantos, esquinas, superficies... Ahora, incrusta la mirada en la faz del plano inmaculado y espera el reto. Entretanto, zozobra en un dilema: herir de muerte esa blancura con el infortunio de un trazo torpe y desabrido o, quizás, rescatarle la vida al vacío con un tinte feliz de puntos, lineas, manchas...
Con espíritu inspector escruta la superficie pictórica como campo de batalla. Analiza las minúsculas oquedades y granulaciones en busca de accidentes, imperfecciones invisibles; motivos donde derramar el sentimiento, el suceso aun no sucedido, la anécdota todavía por contar. La esperanza y la fe, apremiantes: nerviosas por pasar de lo posible a lo manifiesto. Pero, en el fondo de la creatividad, no se concibe absolutamente nada...
Precipitación, desasosiego primero durante muchas horas; después, un poco de sueño, mucha calma. Ya, los corpúsculos e intersticios del papel, se tornan granos de arena en una playa y, las ondas del pulso sentido en los tímpanos, vuélvense olas de alternancia en esa playa. Pero no, no hay insectos, ni conchas quebradizas, ni viento que transporte aromas de ultramar hasta esa playa; sólo la pesadumbre y el calor denso que engendran la ansiedad en la observancia de una superficie inerte.
Con lentitud calculada, entre distraída y traidora, se apodera su mano de un arma a la vez mortífera y vitalista: la pluma, que, a tientas, busca beber en las tinieblas hasta ingurgitarse de penumbra para, luego, escupir las escurriduras de una baba umbría y sobrante, en las orillas, callada, mimosamente, contoneándose en su amenaza oculta -que ningún atisbo de intención le asome o se vislumbre entre las comisuras-.
Enseguida, lo que hace sólo una fracción exigua de tiempo era germen de proposición, se convierte ya en gesto resuelto: sí, el de antes, nada más creador latente, dibujará trazos al azar con tinta negra recién cargada...
Pero, ¿Qué sucede?, un estremecimiento le sacude el cuerpo todo, y el ánima, y el raciocinio, y la intención; le aborda un cúmulo de contrariedades, sorpresa, perplejidad, congoja, desastre, decepción fulminadora, aniquilamiento de esperanzas...: Se había precipitado una lluvia de tinta, irreversible y tenaz; un salpicar disperso desde el apéndice convulso inundaba la pureza, hasta entonces sin mácula, tal que si se tratara de una expectoración productiva emanada de un enfermo tísico.
Mas, apenas hay ocasión para sentir la desgracia. Un acontecer infeliz y lamentable adquiere al instante aspecto de exaltación y eretismo: él se abstrae en la contemplación de un cadáver de mosca empapado en sangre-tinta.
No la muerte del artrópodo, sino la cascada fluyente de su furor sujeto al extremo de la pluma que lo atravesaba por el abdomen de parte a parte, es lo que le proporciona admirablemente un abstracto inusitado y enigmático. La belleza casual se apodera de él; de súbito lo conmueve, lo hace vibrar de la nuca al periné, del periné a las entrañas, de aquí se reparte entre los miembros y se muerde las uñas; se muerde, se muerde, se muerde... y sangra. Sólo una gota minúscula ha osado caer certera en medio del charco pictórico y esa promiscuidad lo enloquece. Una mínima mancha carmesí sobre una inmensidad negra serpenteando la nieve en trescientos puntos cardinales no era todo; era la resurrección de la carne: un ser desprovisto de vida inyectándole vida a un paisaje inerte...

 No pudo resistirlo más. Cubrió el acontecimiento con un papel secante cuyo envés era también rojo y sobrepuso los útiles de dibujo amorosamente, con infinito cuidado. Después se levantó y aunque nadie lo oyera, él sí creyó sentir la voz al pronunciar: "amor de geometrías".

Copyright © 2012 - César Delgado González Arte Háptico. Creado por Adriana Cecilia y Artavis