César Delgado González

Arrebol

Esmalte sobre plancha de alpaca grabada al ácido. Dimensiones: 50x33 cms.

 Una transparencia en la atmósfera, constante hasta el anochecer; veinticinco grados centígrados modulados, tan sólo, por el leve respirar de la fronda caduca en la cuádruple hilera de árboles protectores del color y sabor de la calle Torrijos. Pocas ciudades en el mundo ofrecen el encanto de Madrid durante los meses de otoño.

  Camino de la escuela primaria, Grupo Escolar General Mola, acostumbraba a tomar la diagonal entre dos calles perpendiculares para ahorrar tiempo en el cruce. Siempre llamó mi atención, en este tránsito, un mural de la Virgen Blanca, orientado al Septentrión y esculpido sobre la puerta principal del colegio Calasancio, antigua cárcel de Porlier. A veces, los automovilistas, tocaban las bocinas de sus vehículos tomándome por un transeúnte suicida o imbécil mientras miraba atónito desde el centro de la encrucijada, ajeno a todo lo que pudiera suceder en el Globo, fuera del eje de la contemplación. Aquel día, otro, algo mayor en edad, coincide en el punto; confuso ante mi actitud imperturbable, me increpa con grotesca arrogancia, pero, mi entendimiento, borracho de perplejidad estética, apenas podía percibirlo. Se acerca, empuja y amenaza; finalmente, desafía: "una pelea a muerte en el Campo de las Piedras" (solar contiguo a la Plaza de Salamanca). Imposible rehusar, la ley del barrio, de obligado cumplimiento, impone la asistencia a todas las citaciones semejantes, aunque yo, por la timidez, nunca lo había experimentado hasta entonces. Las piernas me temblaron y una debilidad inoportuna me invadió desde el estómago a la espina dorsal. El destino me empujaba, inexorable, hacia lo enigmático de una lucha verdadera: "¿Cómo se comportarían la voluntad y el cuerpo en una pelea extraña, sin razón, sin objetivo, probablemente muy diferente a las luchas en los juegos habituales, ficticias guerras de recreo ?" Como en los pasajes bíblicos en que Yahveh detiene la mano del ejecutor, en esta ocasión, fustró las intenciones sádicas del camorrista: tras de nosotros se acercaba un amigo fiel que ostentaba, merecidamente, el liderazgo en el distrito; interrumpió la lucha unafracción de segundo después de comenzar y dejó nuevamente en el enigma la pregunta eterna sobre los sentimientos que se albergan en el absurdo de las contiendas.

  Quedé muy agradecido a mi amigo y, para compensar su gesto de fraternidad, le obsequié con mi mejor dibujo de entonces: una reproducción al carbón relativa a una escena de la película -ocho veces contemplada por él-, "El último vikingo", en la que aparece una embarcación de la época vista desde la proa. En el transcurso del tiempo entre la pintura aludida y el collage de la presente versión, tuvieron lugar, obviamente, numerosas transformaciones imposibles de calcular, tanto en la técnica como en la modalidad, hasta concluir en éste, mi primer trabajo, cuya línea y método, no obedecen sino a la mera intuición, la cual, hubo de tomarse poco después en motivo de reflexión acerca del collage, como un fenómeno de "redescubrimiento" perenne común a la actividad creadora de múltiples autores.

Copyright © 2012 - César Delgado González Arte Háptico. Creado por Adriana Cecilia y Artavis