César Delgado González

Dos entre Dos

Bronce. 53x45x45 cms.

 El escarabajo sagrado recolecta afanoso los excrementos encontrados en las praderas, en los terrenos abruptos, en los senderos abiertos por el hombre. El insecto aprovecha tales depósitos, expuestos con desprecio por las bestias superiores, como la sustancia definitiva, noble por excelencia, razón para existir él y sus congéneres.
Una vez en la madriguera, esculpe a ciegas una esfera perfecta que contendrá el germen vital. Mediante un ejercicio eminentemente háptico, con el bloque fecal anclado en el fondo del taller a la manera de bancada escultórica, diseña surcos meridianos en la superficie con los apéndices anteriores; cincela geométricamente la esfericidad mágica envolviendo el misterio de la vida, el secreto de su prole inmersa aún en el sarcófago de la creación.

 ¿En qué recóndito lugar del gen posee impresa tal potestad háptica el escarabajo sagrado? Su sentido propioceptivo es equiparable al mejor escultor que, con sacrificios eternos, luego de padecer una exhaustiva escuela deformación, aún no gobierna suficientemente su sensibilidad discriminativa al extremo de reproducir no ya superficies esféricas completas, sino siquiera casquetes limitados a una porción de la obra pretendida.
El escarabajo selecciona primero la calidad de la pasta moldeable, le procura una correcta homogeneidad distribuyendo humores y textura -que ninguna impureza interfiera o perturbe el resultado final-; ennoblece al máximo aquella materia prima que habrá de servir a la progenitura de nutrición y fuente vitalista.
Tras la inmersión subterránea, la importancia que adquiere el quehacer artesanal de nuestro artrópodo, se refiere nada menos que a su trascendencia: mediante una laboriosa función se garantiza no sabemos qué eternidad. El, en la más absoluta negrura solitaria, insiste impertérrito en conseguir la talla perfecta; culmina la tarea con la pulimentación superficial cuidando de que el poro en la cara externa de la obra, se ocluya en un gesto de enajenación entre la vida interna, espectante aunque aletargada todavía en el núcleo, y el resto del mundo; es una caricia sutil del escultor coleóptero la que hace frontera definitiva y concluyente, como un ritual de gesticulación litúrgica, inductora biológica. Después, para que nadie plagie el secreto mímico del poder, no le importará morir.

 Cuántas veces escarabajo en mi taller... Tratando de desentrañar también a ciegas el misterio estético oculto en la viscosidad de la pella arcillosa, reúno la sustancia, potencial enigmático, y palpo. Infinitos tanteos mensurables en el fondo de las tinieblas hasta moldear los terribles caprichos de mi monstruosidad volitiva. Al fin, placeres epicúreos emanados de la propiocepción y el eretismo cinestésico, me inundan..., es el "eureka" arquimediano, gobernador ancestral, don primigenio que yacía al acecho antes que el tiempo existiera, antes que la luz cegara mi ceguera, la del entendimiento.

Copyright © 2012 - César Delgado González Arte Háptico. Creado por Adriana Cecilia y Artavis