César Delgado González

Dos Horizontes

Matérica. 120x60 cms.

 1965.He de confesar que, en este tiempo, gastaba todos los ahorros en adquirir los fascículos coleccionables de un diccionario enciclopédico, único libro que, durante años, entró en la casa de mi abuela donde yo residía. Aquella noche examinaba las páginas correspondientes a la letra "M"; quedé extasiado ante la fotografía de un mausoleo árabe, quizás porque hacía poco más de un año que falleciera mi hermano mayor. El resto de la visión que conservaba era ya muy escaso, así que, aproximé todo lo posible la lámpara deflexo inclinando el foco hasta rozar el papel; extraje de la mesilla de noche otra lupa de más aumento. Permanecí durante horas jugando con la descomposición de la luz en formas y colores alucinantes mientras introducía el mausoleo, deformado por los movimientos de la lupa, primero en mi retina, luego en el cerebro para asimilar el análisis de los efectos cromáticos y, finalmente, en la conciencia profundizando en el corazón de la historia de una muerte trágica, hasta alcanzar la emoción y las lágrimas; éstas, como carámbanos pendientes de las pestañas, multiplicaban aún más la distorsión de la luz en fulgores de aberraciones millonarias.
Sentí a mis pies el ruido sobrecogedor de las ratas que, amenazantes, roían el subsuelo junto a la alcantarilla que pasaba bajo mi alcoba en aquel sótano inmundo; la humedad calaba desde la epidermis hasta el tuétano de mis huesos adolescentes; el hambre, mayor que el de las ratas a los pies, me consumía las entrañas. Ahora, éstas, habían conseguido penetrar hasta el váter contiguo al dormitorio. Mi madre gritaba desde su cama: "acuéstate ya, apaga la luz, vas a gastar la poca vista que te queda".

 Ni el pánico a las alimañas acechantes, ni el ambiente gélido, ni el hambre, ni el sueño imperativo, ni los gritos histéricos, consiguieron apartarme un milímetro de aquel cóctel conjugado con la muerte representada gráficamente, la descomposición delirante del arco iris y el caos de mi emoción atormentada.
Apenas podía creer que en un lugar tan inhospitalario se accediera al interior de un mundo tan irresistiblemente cautivador con el único esfuerzo de dejar a la voluntad ser presa del azar actuando en el seno de los acontecimientos neurofisiológicos. Debí quedar rendido por el éxtasis, los efectos hipnotizantes del caos multicolor; después de algunas horas pasé a experiencias oníricas muy diferentes en las que navegué por desiertos circulares en busca de un mausoleo y que inspiraron, al cabo de algunos años, el collage titulado "Dos Horizontes", expuesto en la Galería Abril durante la Primavera de 1.980.

Copyright © 2012 - César Delgado González Arte Haptico. Creado por Adriana Cecilia y Artavis