César Delgado González

Pajaritas Fragmentarias

Esmalte sobre plancha de metal grabada al ácido.

 Antes de desprender y enjugar el último llanto de la compunción, fruto del desmembramiento familiar, abandono inexorable en brazos del enigma y la incertidumbre que representaran el célebre Tribunal Tutelar de Menores, Ministerio de Justicia -"Ministerio de Caridad"-, sentí junto a mis labios la boca carnosa de mi progenitor, contacto de un beso iscariote, quien, no sólo disfrutaría en lo sucesivo de los servicios de la numismática al verse libre de mi sustento, al no padecer dispendio alguno por causa de alimentación filial, sino que jamás experimentaría el más leve impulso de acercamiento que lavara en parte las máculas de su conciencia, de aquel parricidio perpetrado en el alma de su descendiente.

  ¡Ah!, ¿qué podrías argüir para justificar tanto desastre acumulado en el transcurso de una vida plena de corrupciones? No, no bastarían lágrimas de atrición, ni postrarse de hinojos con la cerviz a mis plantas, con la súplica de indulgencias aflorando entre los surcos de la senectud y los estragos de una ancianidad carcomida por la desatención, la ludopatía, la embriaguez perenne.

  Solamente una vez peinaste mis cabellos de infante dócil y receloso, desconocedor absolu­to del mundo hipócrita de los adultos -porque nunca mezclara con ellos la palabra más que para recibir la severidad de las recriminaciones y la amenaza del sometimiento a la tortura o la flagelación-; me elevaste el mentón para obligar a un grado cómodo mi estatura pueril; con mano trémula -junco vibrátil que cimbrea dubitativo flotando en los vaivenes de la brisa del anochecer-, deshacías bucles y reformabas rizos al azar sin orden, sin dirección, sin verme, cobardemente...: te hacía retroceder el rayo inquiridor de una mirada tierna, escrutadora -espada gélida y filosa templada a un fuego hostil en los yunques de la orfandad-. Ahí comenzaron a ocluirse los ojos de la esperanza; el tibio comprender de los primeros años sobraba para intuir la perpetuidad que sin tregua se abalanzaba sobre mí traspasando los umbrales de la mente ingenua; las razones esgrimidas sin razón, con el rostro fugaz y de soslayo, volvíanse manifiestos absurdos de un amor preñado de traiciones, hilvanado a base de falacias; el escándalo, opresor del entendimiento lógico, se alzaba gigante, macrocósmico, imposible de combatir.

 Si bien, sobre el cuello de Isaac se cierne la muerte, holocausto desconcertante, protagonizada por el brazo ejecutor de un patriarca preso de aflicciones, obligado a ofertar su unigénito como siervo del Creador, cabe la disculpa de ser la avidez de un dios el sujeto de la responsabilidad en última instancia:
Yahveh solicita saciar el hambre en el ara de los sacrificios, Abraham se descarna el corazón con el desprendimiento filial; mas, ambos, piadosamente, abrigan la esperanza en la reversibilidad de los acontecimientos... ..."Ojalá, también, se frustre esta consumación inminente", algo así debí pensar, sentir, ya en los límites del exilio tutelar, pero el destino es despiadado, o casual, o caprichoso, o, simplemente, ajeno y desentendido, porque, ¿cómo, si no, habría de comprenderse el remover paradójico en el fenómeno de los aconteceres? Abraham ha de matar con arma en descrédito y el sacrificio representará un gesto amoroso hacia el Sumo Hacedor. En esta otra paternidad que me afecta, no un cuchillo, sino un acto bien reputado: un beso, reproduce la ofrenda a un "todopoderoso" significado por el vicio del juego y la embriaguez. Dos elementos paralelos y antagónicos: juego es a rito litúrgico, sangre a vino sacramental Y, en la remembranza de los eventos, qué mayor colmo de contradicciones que éste de suscitarse no el odio, el rencor, la maldición, sino el poema fantástico del transcurrir por los cauces sucesivos de una papirojlexia mágica, mi única heredad: primero geometría cuadrangular, enseguida figuraciones de fábula, una mesa, dos barcos siameses, un velero bergantín, soporte para el retrato, góndola de la reina..., el pez, la flor, otras anatomías inanimadas; todo hasta alcanzar el par de pajaritas fragmentarias; aquí las represento multiplicadas en tamaño, semejantes, enriquecidas por la pátina dorada y alteraciones de la proporción.

Copyright © 2012 - César Delgado González Arte Híptico. Creado por Adriana Cecilia y Artavis