César Delgado González

Trokhobio

Madera Lacada. 150x50x35 cms.

 En 1.984 adquirí una máquina universal con sierra de disco; el motor arrastraba poco menos de tres caballos de potencia. En los comienzos de nuestra relación el trato fue de extremada hostilidad. Se resistía a la doma con una conducta caprichosa y arbitraria por cuanto que no respondía, con fidelidad, a las prescripciones para las que se fabricara. Acudieron técnicos desde tierras lejanas para diagnosticar su extraña patología: inútil. Con la dentadura joven y recién afilada, desprovista del protector, por cuya desnudez se acentuaba aún más su altanería hasta erizarle a uno los cabellos, más de una vez osó pasar de la amenaza a la acción: pretendió amputarme alguna de las extremidades dactilares aunque únicamente consiguiera seccionar la dermis, rozar los tendones y el periostio, con insidia. En ocasiones enmudecía y se paralizaba por sobrecarga o recalentamiento; otras veces, embravecida, se anclaba en los remates o en los nudos del pino y el nogal; recobraba en esta actitud una fiereza inusitada que se traducía después en ejercicio vertiginoso y lanzamiento de proyectil mortífero.Al cabo de un tiempo inespecífico fue sometida al yugo y a la rienda. Yo, solidario al mantener ágiles los engranajes; ella, colaboradora con un comportamiento preciso y diligente. Trokhobio nace de este pacto íntimo entre la máquina y su dueño.

 Antes de proveerlo de antenas carecía de soplo vital. En la cintura de su peana se le infundió un alma vibrátil que le permitiría cimbrearse a la menor estimulación cinestésica. De esta forma, gracias a los motores cráneo-caudales, Trokhobio es recorrido, en su contenido medular, por un efecto cinesiológico muy curioso que lo convierte en una geometría -sectores circulares-, de animación biológica sin­gular. Presenta, además, orientaciones cervicales que abarcan los trescientos sesenta grados en derredor; la tonalidad grana lo asemeja a posibles criaturas de la zoología imaginaria. Las antenas podrían significar el tacto, la visión, la inteligencia en pseudópodos escudriñadores por la prolongación cerebral; en fin, perceptores hápticos de sensibilidades inconcebibles y dimensiones aún no sospechadas. Los límites de lo real, las férreas imposiciones de la Naturaleza, nos obligan a la rebeldía, a la propulsión hacia la irrealidad de lo fantástico más allá de lo meramente cósmico, como se intuiría, quizás, en "El ser y la libertad" de Pajón Mecloy.

Copyright © 2012 - César Delgado González Arte Háptico. Creado por Adriana Cecilia y Artavis